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miércoles, 31 de octubre de 2012

CONOCIENDO UN POCO DEL CURRICULUM

EL CURRICULUM EN EL DISCURSO EDUCATIVO VENEZOLANO


Nivel de Educación Básica y Media Diversificada y Profesional

El currículo constituye una pauta para ordenar el proceso de enseñanza aprendizaje de acuerdo con una teoría pedagógica o andragógica sustentada en la valoración del hombre dentro de su realidad y en su dimensión histórica y cultural. Cualquiera sea esta teoría, debe considerar la naturaleza propia del educando, la del área del conocimiento de la que se trate y la del contexto sociocultural en el que se desenvuelve ese educando.

En el caso venezolano, a partir de los años ochenta se ha prestado especial atención a la elaboración curricular como medio para lograr los fines nacionales a los que se aspira. Particularmente, se observó esa atención, en el nivel de Educación Superior.

Se reconoce el trabajo de venezolanos sumamente conocidos por quienes compartimos el interés por este campo: Manuel Castro, Zoila Bayley, Celso Rivas, Víctor Guédez. Ese interés fue motivado, entre otras razones, a que en esa década se pone en práctica en nuestro país la decisión de la Reunión de Ministros de Planificación Económica y de Educación de los países latinoamericanos celebrada en México, en 1979, de brindar a la población una educación mínima obligatoria (Villarroel y Duque, 1988).

Se promulga la Ley Orgánica de Educación en el mes de julio de 1980, estableciéndose los fines de la educación y con ello la necesidad de que las acciones sistemáticas emprendidas conduzcan hacia el logro de esos fines. Esa necesidad condujo a prestar mayor atención a los esfuerzos que hace la escuela para lograrlos, en los distintos niveles educativos. En Educación Superior, se enfatizó en la necesidad de preparar un capital social capaz de sentir, hacer y pensar. De allí que se incluyera en el diseño curricular de las carreras, un componente de autorrealización, un componente de formación especializada, uno de formación profesional y uno de formación básica.

En cuanto a los niveles de Educación Media Diversificada y Educación Básica, para formar al ciudadano predescrito en el artículo 3 de la precitada Ley, se modificó la estructura curricular y se elaboraron los diseños curriculares adaptando las distintas áreas que integran el plan de estudios a las particularidades de los sectores urbano, rural, indígena y fronterizo que configuran la Nación Venezolana para responder a las diferencias geo-socio-culturales de cada uno de ellos. Se incluyeron el cooperativismo dentro del área de Estudios Sociales en el sector rural; Lengua Autóctona en el área de Lengua, en el sector indígena y Formación Social y Cultural en la de Estudios Sociales del sector fronterizo. Toda esta inclusión obedecía a la aspiración del Estado en el sentido de que la educación brindada al hombre le permitiera progresar a su propio ritmo, dentro de sus propias potencialidades y posibilidades y de los desafíos que le ofrece y le plantea el ambiente (Modelo Normativo,1987)

De allí que se estableciera la Educación Básica centrada en principios como los siguientes:

1. El reconocimiento del valor del individuo como persona y por ello merecedor de respeto a su dignidad, y a su derecho a desarrollar sus capacidades hasta el límite de sus potencialidades.

2. Cada individuo es único, las diferencias individuales están presentes, debe reconocerse la unicidad y distinción de cada persona.

3. La educación es un proceso fundamentalmente humano y de allí la importancia de que ésta contribuya a la autorrealización del estudiante.

4. La educación debe hacer énfasis en el aprender a aprender y debe formar individuos capaces de convivir en una sociedad democrática, de participar activa, consciente y solidariamente en las tareas de formación de su comunidad y de adoptar una actitud de tolerancia y de respeto hacia las acciones, ideas y creencias de sus semejantes.

Ante esta expectativa nacional cabe indagar y reflexionar acerca de los medios que se pudieran utilizar para lograr estos objetivos. La respuesta necesariamente nos lleva a pensar en la implantación de un diseño curricular basado en acciones, en estrategias que acepten el derecho del alumno a tener, a ofrecer y a expresar sus opiniones, para lo cual el docente debe brindarle una amplia perspectiva de conocimientos que le permitan escoger la más aceptable o idónea. Un diseño en el que se permita la participación de todos los actores involucrados en la formación del ser humano: familia, comunidad, además de los docentes y del estudiante mismo. Un diseño que a través de la diferenciación, conduzca al estudiante a asumir la responsabilidad por su propio aprendizaje, a desarrollar su iniciativa, autonomía y capacidad para tomar decisiones, un diseño centrado más en los procesos que en los contenidos, que equilibre lo informativo con lo formativo.

Y así está establecido en los documentos normativos que rigen el nivel, convirtiéndose entonces el diseño curricular en un instrumento para satisfacer la expectativa social de formación del ciudadano venezolano. Ahora bien, como los currículos son diseñados por grupos de personas con base en sus creencias sobre cómo debe ser la educación, en la última década del siglo XX, la Comisión Internacional sobre la Educación para el siglo XXI (Delors, 1996), señalaba la necesidad de afrontar y superar una serie de tensiones entre factores contrastantes, como son el extraordinario desarrollo de los conocimientos y las capacidades de asimilación del ser humano. Llama la atención la Comisión sobre los progresos de la ciencia y la tecnología y sobre la creciente importancia de lo cognoscitivo y lo inmaterial de la producción de bienes y servicios. Ante esta realidad, rescatan el valor de la educación permanente, de la educación durante toda la vida, con sus ventajas de flexibilidad, diversidad, accesibilidad en el tiempo y en el espacio, siempre que la persona posea una educación básica de calidad.

Expresa la Comisión: “Mejor aún, es deseable que la escuela le inculque más el gusto y el placer de aprender, la capacidad de aprender a aprender, la curiosidad del intelecto. Imaginémonos inclusive una sociedad en que cada uno sería alternativamente educador y educando” (Delors, Op. Cit., p. 21). En ese Informe se establecen cuatro pilares para la educación: aprender a hacer, aprender a conocer, aprender a ser y aprender a convivir.

Esta realidad se palpaba en nuestro país y así, en 1993, se elabora un Plan Decenal de Educación para la década 1993-2003, que pretende desarrollar la educación a mediano-largo plazo, con base en el análisis de las tendencias de los últimos 40 años, las perspectivas futuras y los avances y experiencias de las ciencias de la educación. Con el

asesoramiento del Instituto Internacional de Planificación Educativa de la UNESCO, se trazó el Estado la orientación del sistema educativo hacia la formación de venezolanos integrales, capaces para el desarrollo democrático cabal, la paz, la convivencia internacional y la integración latinoamericana y del Caribe, así como asegurar la continuidad y el mejoramiento continuo de la educación.

A nivel nacional, los estudios realizados reflejados en documentos como Calidad de la Educación Básica en Venezuela. Estado del Arte (1992), La Reforma Educativa: Una Prioridad Nacional (1994), El Plan de Acción del Ministerio de Educación (1995) y el Proyecto Educativo Educación Básica: Reto, Compromiso y Transformación (1996), indicaron la necesidad de emprender una profunda transformación en el sector educativo para producir cambios verdaderos, fundamentalmente en las intenciones y valores inmersos en las prácticas pedagógicas.

Una de las acciones inmediatas tomadas para afrontar esta preocupación fue la reforma del currículo del nivel de Educación Básica en sus dos primeras etapas, en el llamado Currículo Básico Nacional (1997). En ese diseño se señala que se reivindica el ser de los educandos a lo largo de su proceso formativo. Con él se pretende propiciar en el alumno la confianza en sí mismo, en sus propias capacidades, en la posibilidad de enfrentar con decisión y de manera cooperativa, los múltiples problemas que afectan a la sociedad venezolana.

Para ello, se incorporan al currículo algunos elementos como los ejes transversales. Inicialmente se incluyeron cuatro: Lenguaje, Desarrollo del Pensamiento, Valores, Trabajo. Posteriormente, se incorporó el eje transversal Ambiente, para que sirvan de vínculos entre el contexto escolar y el contexto familiar y sociocultural además de servir como herramienta didáctica que garantice la integración o la interrelación de las diferentes áreas curriculares (Programa de Estudio de Educación Básica, 1997).

Esta reforma se consideró necesaria porque se evidenciaban en la sociedad venezolana algunas debilidades como actitudes contrarias al diálogo constructivo y al consenso, deficiencias alarmantes en el uso oral y escrito de la lengua, problemas para procesar información y transferirla, para resolver problemas, pérdida de valores. Por ello se propone una nueva concepción del trabajo como actividad inherente al ser humano que permite su realización como persona.

Para solventar estas deficiencias se plantea como estrategia de aprendizaje la globalización, así como tres instancias operativas: el nivel nacional, el nivel estadal y el nivel de plantel, cada una con sus objetivos. El nivel nacional pretende asegurar la coherencia y continuidad entre las distintas etapas del nivel y el traslado a entidades federales distintas.

El nivel estadal está dirigido a fomentar el respeto y valoración del pluralismo étnico, lingüístico y cultural de la nación y permite dar respuesta educativa a las motivaciones, necesidades, intereses y exigencias de cada entidad federal. Prevé la participación de la sociedad civil, las universidades, los supervisores, directores, docentes, organizaciones no gubernamentales y demás instancias involucradas en el quehacer educativo. La instancia de plantel está representada por los Proyectos Pedagógicos de Plantel, PPP, y los de Aula, PPA, diseñados para atender las necesidades y problemas de la comunidad educativa del plantel.

En la actualidad, estos proyectos han cambiado su denominación pero conservan su ontología y teleología. Con estas especificaciones se intenta, a través del currículo, formar de manera integral y holística al educando, para que sea capaz de participar activa y solidariamente en los procesos de transformación social, mediante el fomento de valores como identidad nacional, respeto por la vida, libertad, perseverancia, honestidad, convivencia, tolerancia para que sea capaz de aprender a ser, a hacer, a conocer y a convivir durante toda la vida.

En 1998, se presenta una propuesta de reforma curricular para la tercera etapa del nivel que contiene los mismos elementos. Es un documento que se encuentra todavía en fase de elaboración y sometido a consulta nacional. En ese mismo año, la Asamblea Nacional de Educación propone proseguir con la reforma del currículo de la Educación Básica y Media para producir unos programas de estudios más pertinentes a través de una pedagogía más interactiva y menos impositiva, así como afianzar progresivamente la transformación de las prácticas pedagógicas, mediante la generalización de los PPA y el

fomento del trabajo en equipo y en redes.

En el Proyecto Educativo Nacional (1999), se propone que el currículo sea el eje central que responda a las Políticas del Estado Venezolano, previendo los elementos de transformación que generen los cambios deseados en la sociedad, lo cual debe hacerse: “tomando en cuenta las necesidades y las realidades existentes en cada localidad, municipio y región, sin obviar el contexto general, (este currículo) debe ser global, flexible, integral, democrático, participativo, transdisciplinario y en permanente revisión”. (p. 51) Se expresa en este documento que el currículo debe prestar atención a los aspectos físicos, psicológicos, sociales del alumno, enfatizar en la información, la acción de la familia, grupos sociales y la interacción con la comunidad, como clara interpretación en el currículo del principio de democracia participativa preconizada por el Estado. En los

Aspectos Propositivos del precitado Proyecto Educativo Nacional (2001), se promueve una estructura curricular flexible, basada en la investigación-acción como estrategia que permita vincular la educación con la vida comunitaria, el trabajo y la naturaleza, de allí la modificación de la denominación de los proyectos pedagógicos antes mencionados. Esta estructura curricular reivindica el papel protagónico que junto al estudiante desempeña el docente como formador de ciudadanos y constructor de la sociedad a la cual se aspira.


REVISTA CIENCIAS DE LA EDUCACION

Año 4 • Vol. 1 • Nº 23 • Valencia, Enero - Junio 2004

http://servicio.bc.uc.edu.ve/educacion/revista/a4n23/23-13.pdf



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